En mis zapatos
Un día más asoma tras la ventana, es hora de levantarse y emprender otro andar…Sosegada despierto e intento ordenar mi caótico control, recojo mi habitación o lo que entre tanta y tanta ropa enredada pareciera ser, busco mi bolso, las gafas, los apuntes… lo estrictamente necesario para no tener que cargar mi espalda con el diablo a cuesta…
Entro en la ducha y comienzo a componerme… como dice un dicho “la cara es el espejo del alma y los ojos son lo único transparente que nos delata” _ pero si cada amanecer tuviese que observar el rumbo que tomase mi día en razón de mis legañas o haciéndose notar por mi inmaculado rostro pudiera ser que entonces el mundo absorto se detuviese_
Una sombra de ojos, un colorete fiel a mi tono de piel, brillo para los labios… dicen que la belleza cuesta pero nadie habló de que tuviese que ser cara y persistente.
Comienza la batalla con la ropa, qué ponerme hoy, cómo combinarlo todo sin parecer muy emperifollada y no llamar tanto la atención… todo se complica, son las primeras horas de la mañana y mi primera decisión aunque un tanto simple y absurda me trastoca y comienza a desquiciar mi tranquilidad.
Una vez me dijeron que cuando aprendes a quererte a ti mismo, a creértelo por ti mismo entonces las cosas cambian, todo sale incluso mejor y ya el mundo no se nos hace tan grande. Y recuerdo en el contexto que tuve que aprender tal lesión, como mis ojos se ennoblecían de dolor, cuando la imagen no daba cabida a otra cosa mas que a odiarme, cuando alguien sin permitírselo robó a la fuerza mi por entonces inquebrantable seguridad, andaba por la vida con pasos firmes, como si el mundo estuviese hecho para mi y no le temía a nada, diferente al resto del mundo, recuerdo apenas como era mi endereza y aunque es cierto que las personas nunca cambian, relativamente puedo admitir que no todo ello es fehaciente, que hay cosas en la vida que indiscutiblemente nos hacen cambiar, retomar nuestro rumbo a otra dirección, tragar en seco, limpiarnos las lágrimas y sanar las magulladuras echas entre tantas y tantas caídas propiciadas por mi testarudez, y sí, puede que alguien, algo, incluso yo misma haya sido mi peor enemiga, que ya no me sienta tan segura, o que sienta en mi debilidad ya no ser tan fuerte como por entonces me creía ser, tan pequeña, comiéndome el mundo con mi sonrisa, pero la gente si cambia, hay tantas situaciones que te hacen madurar y para bien o para mal, todos cambiamos, cada cual decide con el tiempo aquello que estima recomponer de aquel pasado echo añicos, si merece la pena hacerlo, o puede que lo mejor sea comenzar de nuevo.
Por fin hallo con la elección adecuada, un vaquerito nuevo, con aquella blusa de asillas azul que me compré la semana pasada, los pendientes a juego y el reloj y el bolso canelo, parece que estoy casi segura… pero qué zapatos debería ponerme hoy.
PD: lo bueno en ti es que tienes tantos zapatos donde elegir que no importa si no combinan bien, junto a ti siempre habrá alguien que te aconseje, ya no tienes por qué hacerte la fuerte, ahora es el momento de serlo y si flaqueas agárrate a mi, no tengas miedo a las alturas, _ ciertamente esos tacones nublan tu firmeza, si estás tan alto como para no poder pisar fuerte, vuelve a pensar en qué ponerte, por suerte tienes muchas alternativas, algunas bailarinas te quedarían bien_
Pero sin duda, me gustas cuando llevas esos tacones, me hacen verte a ti, a tu manera, luchando porque el tiempo no te cambie, pero cambiando tu cada momento con el taconeo que dejas a tu andar…
Puede que ya nada sea igual, sin duda es mejor…
A mi estrellita.
1 comentarios:
Me gusta la manera en que relatas cual importante es la hora de decidir, gracias por compartirlo ,vi reflejada a tu estrella. a mi peke de su luna
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